Las flores han ido perdiendo olores a través de los años. Ya no huelen igual que antes. Nuestra capacidad olfativa registra menos intensidad de olores en las flores. Un ramo de rosas tiene una fragancia mucho menor que hace una década. Eso al menos creen los científicos de la Universidad de Virginia, en EE. UU.
Tenemos que decir, que las flores no han perdido olores, huelen igual que siempre, el problema es que no llega a nuestro olfato de igual manera que antes, por ejemplo, hace 50 años. Su olor se muere por el camino. Es decir, las sustancias aromáticas de las flores se enlazan con mucha facilidad con otros compuestos químicos propios de la polución presente en el aire y pierden sus propiedades aromáticas.
La contaminación nos impide disfrutarlas
Según los cálculos de los científicos en el siglo XIX, por ejemplo, cuando el ambiente no estaban tan lleno de polución como hoy en día, las moléculas que producen el olor en la flores viajaban desde la flor en el aire unos 1.000 ó 1.200 metros hasta llegar a nuestra nariz. Sin embargo hoy no llegan a recorrer unos escasos 300 metros.
El hecho de que las flores no huelan no es algo tan trivial como que no podamos disfrutar de su dulce aroma si nos alejamos unos metros sino que es un serio trastorno para los insectos. La sustancias aromáticas son las que les indican dónde están las flores. Son señales que les llevan hasta el preciado manjar.
Ellos se alimentan de néctar, lo necesitan para vivir y esto, creen los firmantes del estudio, es una posible explicación a la disminución de algunos insectos polinizadores como las abejas. Y no solo eso, el néctar sirve para atraer a estos insectos para que transportan polen (el pegado en su cuerpo hasta otra flor y les ayude así reproducirse. Así que la polución también disminuye el número de plantas.